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Clara Sánchez
Clara Sánchez
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Entrevista Qué Leer
01/05/2010

Clara Sánchez: “la venganza tiene muy mala prensa”

Venganza y maldad, pero también amistad y amor, aparecen en la nueva novela de Clara Sánchez, “Lo que esconde tu nombre” (Destino), la historia de un superviviente de Mauthausen que persigue, con la complicidad de una mujer joven, a viejos nazis afincados en España. El libro le ha valido el Premio Nadal. Texto: Begoña Piña  Foto: Asís G. Ayerbe

La convicción y, sobre todo, la contundencia con que Clara Sánchez habla de algunos de los temas contenidos en su nueva novela, como la venganza o el mal, no se oponen, curiosamente, a su aspecto de mujer serena, tan amable, tan prudente. Pero, ya se sabe, las apariencias engañan y, tras esa afectuosa sonrisa y esa manera de hablar de ritmo controlado, se agazapa una persona intranquila, inquieta por la maldad, preocupada por la impunidad en que se ha permitido vivir a algunos nazis en nuestro país. Una persona avergonzada, precisamente, porque se haya consentido esa ausencia de justicia. Irritada, porque algunos vayan a morir sin pagar por lo que hicieron. Asombrada, por “lo surrealista” de todo ello. Y ahora también satisfecha, feliz y orgullosa, porque ha conquistado el premio decano, el Nadal, que la coloca junto a nombres imprescindibles de nuestra literatura como Delibes, Laforet o Sánchez Ferlosio.

La contaminación del malUna dimensión moralUn premio y un balance

¿Por qué cuenta una historia como ésta ahora?
Porque es un momento crepuscular. La mayoría de los personajes, sobre todo los viejos nazis y el protagonista Julián, un superviviente de Mathausen, está llegando a una edad que no tiene vuelta atrás. Se está acabando un mundo y yo quería contar sus últimos días. Aunque debo decir que ésta no es estrictamente una novela de nazis. Es una novela del miedo, la culpa, los remordimientos… y también de la amistad y del amor. Sobre todo, lo que sobrevuela esta historia es el profundo sentido de la amistad que puede crecer entre dos personas de edades diferentes en unos tiempos, además, en que las generaciones están más separadas que nunca.

Volviendo a los nazis, ¿qué emociones le produce la impunidad en que han vivido éstos en España?
Preocupación. Me preocupa que abusen de los demás y que consigan escapar sin pagar por ello. Irrita mucho el hecho de ver que alguien que ha cometido crímenes contra la humanidad va a morir tranquilamente en la cama y no va a rendir cuentas y ni siquiera va a reconocer remordimiento. Es como si ese mundo se acabase físicamente, pero no terminase psicológicamente.

Lo dice con cierta urgencia cronológica…
Todavía hay supervivientes, víctimas y verdugos. Y sin embargo… Es curioso, la gente me pregunta cómo me interesa tanto un tema tan lejano. Eso me preocupa también. En la mente colectiva, éste parece un tema de documentales viejos, pero es algo muy cercano, sucedió después de la guerra civil española.

Pero es que para los más jóvenes es un tema más lejano que para usted…
Eso se expresa en la novela en la misma pareja de los personajes principales, de Sandra y Julián, y en cómo ven el mundo. Julián, que lo vivió, habla en términos del bien y el mal. Para Sandra, es un hecho lejano, y concibe su mundo en grises. Quería aproximar dos momentos históricos.

¿El mal contamina incluso a los buenos?
Sí, mucho. El personaje lo dice, se siente contaminado porque ha probado el mal en su cuerpo y siente deseos de venganza.

¿Usted está a favor o en contra de la venganza en el caso de los nazis?
La venganza tiene muy mala prensa. No nos gusta reconocer nuestros deseos de venganza y por eso lo llamamos justicia, desahogo… El caso es que es muy duro que te maltraten y no contestar. Y, sobre todo, es muy duro que no paguen.

¿Siente ese deseo de venganza?
Yo tengo deseo de justicia, para mí el tema no es personal.

Y de cara a las víctimas…
Siento muchísima vergüenza. Porque además creo que la víctima es la menos apropiada para ejecutar esa venganza o esa justicia. La víctima se siente debilitada. El abuso, el sufrimiento, hacen que se pierda la fuerza y la dignidad para rebelarse. Yo he querido que mi personaje tenga ganas de rebelarse.

¿Cree que los nazis deben tener la oportunidad del perdón?
No. No hay perdón. Sobre todo porque no se han arrepentido. No creo que se deba perdonar, el perdón tiene unos límites.

Usted conoció a algunos de estos nazis. ¿Cómo es su mundo?
Los he conocido, pero no los he tratado. El Gobierno consintió que estuviesen ahí y, claro, los ciudadanos piensan que entonces no deben de estar tan mal. Algunas personas que se relacionan con ellos ni siquiera saben que son nazis, porque han tenido la habilidad de hacerse invisibles. Para ellos, la vejez es el mayor disfraz que existe. Para la gente joven todos los ancianos se parecen y, además, la ancianidad reviste a la gente de bondad.